La verdad es que éste ha sido uno de esos viajes "pensat i fet", como dicen por aquí, ya que apenas nos ha dado tiempo a prepararlo, a reservar un hotel, y ya estamos de camino.
Elegimos para alojarnos el Hotel Alcala Norte, un 4 estrellas situado en una zona eminentemente empresarial, y que tenía muy buenas tarifas para estas fechas más vacacionales. A través de la web de atrapalo.com, conseguimos un muy buen precio para las dos noches que nos vamos a quedar en Madrid.
Llegamos alrededor de las 2 de la tarde, checkin en el hotel, deshacemos algo la maleta, y nos preparamos para comenzar las visitas.
El hotel está bastante lejos del centro de la ciudad, sin embargo, está lo suficientemente cerca de una boca de metro, con lo cuál las distancias quedan reducidas a sentarse un rato, y disfrutar de la fauna que habita debajo de los túneles.
La parada más cercana es la de Suanzes (línea 5), en la Calle de Alcala. Desde allí el metro en apenas 15 minutos, te deja en la plaza de Callao, en pleno corazón madrileño.
Hacemos la parada de rigor en Doña Manolita. Tenemos un encargo de lotería del niño, pero va a ser que la compraremos en otra administración. Las colas son kilométricas, y no tenemos tanto tiempo, ni ganas de esperar.
Visitamos la Puerta del Sol, que ya luce todo su esplendor preparada para las campanadas de mañana, y el gran ensayo general de esta noche. Es habitual, que en la noche del 30 de diciembre se concentren aún más personas que en la noche del 31, y eso que la del 31 es de escándalo, la cantidad de gente que allí se reúne.
Visitamos La ópera, el Palacio Real, la Plaza de Oriente, sitios típicos de visita turística cuando uno callejea por el centro.
Para terminar el día, cenamos en un restaurante italiano, en la calle Gran vía, que nos dejó un buen sabor de boca.
Pequeño paseo por el madrid nocturno, y el metro nos deja de nuevo a las puertas del hotel. Hay que coger fuerzas para el día de mañana.
Fotos en flickr
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